Estudié Arte y Diseño en la Escola Massana (UAB), en Barcelona. Después estudié los sentidos, en el Máster en Lenguaje Sensorial del Teatro de los Sentidos con la Universitat de Girona. Tardé un tiempo en entender que, en realidad, era la misma formación contada dos veces.
Del arte y el diseño al Teatro de los Sentidos
El diseño enseña a construir sistemas visuales coherentes. El Teatro de los Sentidos enseña algo distinto y complementario: que el cuerpo recuerda antes que la vista, y que una experiencia bien diseñada se sostiene en lo que se toca, se huele y se escucha, no solo en lo que se ve.
Cruzar ambas formaciones es el origen del método que hoy aplico en Nehiyr Studio: el branding sensorial.
El ejercicio que hago antes de abrir cualquier programa de diseño
Con cada marca nueva, antes de abrir Illustrator, hago un ejercicio muy simple:
Toco. Huelo. Escucho.
Busco la textura que mejor traduce lo que esa marca quiere transmitir, mucho antes de pensar en un color o una tipografía. Puede sonar poco práctico para un mundo que exige resultados rápidos, y sin embargo es, con diferencia, lo que más ayuda a que una identidad no se sienta genérica ni intercambiable con la de la competencia.
Cómo se traduce una sensación en un sistema de marca
Cada proyecto arranca con una sensación ancla (cálido, áspero, translúcido, denso) que funciona como criterio para todo lo que viene después: paleta de color, tipografía, fotografía, tono de voz. Todo responde a esa misma sensación.
Es un proceso lento, casi artesanal, en un momento en que el diseño de marca tiende a acelerarse con plantillas y generadores automáticos. Pero es precisamente lo que hace que una marca no se sienta como cualquier otra.
Una marca es una forma de estar en el mundo
Una marca, al final, no es un logo ni un manual de estilo: es una forma de estar en el mundo. Las empresas y proyectos con los que trabajo no buscan solo «verse bien». Buscan que esa forma de estar en el mundo se sienta coherente, de principio a fin.
Coherencia entre lo que se piensa, se hace y se siente
Diseñar con los ojos cerrados no es una metáfora bonita: es, literalmente, cómo empieza cada proyecto. Y es lo que persigo en cada encargo: que lo que una marca piensa, lo que hace y lo que hace sentir sean, por fin, la misma cosa.





